A. Damasio, a partir de un trabajo (Damasio, 1994) que arranca en el intento de comprender las emociones y los sentimientos humanos, ha elaborado también una teoría de la conciencia (Damasio, 1999).
Las emociones y los sentimientos han sido históricamente algo que no encajaba en el contenido del logos, es decir, de la razón, que nació en Grecia en el siglo VI a.C. Fuente de perturbación, han sido las emociones y sentimientos tradicionalmente irreductibles al pensamiento racional, pero también han sido elementos inseparables del contenido de la propia condición humana, en su máxima consideración de dignidad y estima. Platón inventó la filosofía en el esfuerzo de aplicar el logos racional a la comprensión de las pasiones humanas. Los sofistas vieron cómo esa comprensión permitía manipular las voluntades y alcanzar los fines propios inclinando las decisiones sociales hacia sus intereses. En la medida en que las pasiones perturbaban la toma racional de decisiones se atribuyeron al cuerpo y con Descartes, cuando el problema mente-cuerpo aparece en la escena filosófica del momento, quedan reducidas a algo propio del comportamiento animal, mecánico, en consecuencia, y ajeno a la noble y libre naturaleza humana. Las pasiones eran elementos de un cuerpo que limitaban nuestra libertad humana.
En el Error de Descartes, Damasio vuelve a la tradición clásica de Platón y Aristóteles y de las escuelas morales griegas pero, sobre todo de la agudeza de Spinoza cuando analiza las pasiones, para mostrar cómo las emociones y sentimientos forman parte inseparable de nuestra razón.