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lunes, 14 de abril de 2025

Crítica a la sinrazón ética

Desde tiempos antiguos, la humanidad ha intentado imponer un orden al caos que la rodea. Para ello, ha inventado mitos, religiones, normas, y sobre todo, ha creado dicotomías: luz y oscuridad, bien y mal. Esta necesidad de dividir el mundo en opuestos nos da una falsa sensación de control, como si al nombrar las cosas pudiéramos dominarlas. Pero ¿y si todo esto no fuera más que un espejismo?

Hablar del bien y del mal es como hablar de hadas o monstruos debajo de la cama: historias que nos cuentan para hacernos aceptar una verdad incómoda, pero que no tienen ningún fundamento real. Nos han enseñado a distinguir entre lo que “está bien” y lo que “está mal” como si se tratara de hechos objetivos, como si fueran leyes de la naturaleza. Pero eso es una ilusión. No hay ninguna realidad detrás de estos conceptos, solo opinión, costumbre y miedo.

Lo que llamamos ética es, en el fondo, una construcción frágil. No existe regla moral que no haya sido quebrantada, ninguna norma que no haya sido puesta en duda. Algunos dicen que matar es malo, pero lo justifican en tiempos de guerra. Algunos condenan la mentira, pero viven de verdades a medias. Si todo depende del contexto, ¿para qué sirve hablar de valores universales?

Aquí es donde entra en juego la idea de la voluntad de poder, como la entendía Nietzsche: la vida no busca sentido moral, busca expansión, afirmación, dominio. La moral tradicional muchas veces sirve para contener, para limitar esa voluntad. Al rechazar las categorías de bien y mal, no estamos negando toda forma de vida, sino abriendo espacio a una ética más profunda: la de la autenticidad, la creación de valores propios, la afirmación del individuo que no pide permiso para ser.

La verdad es que el bien y el mal no existen: son nombres vacíos que usamos para juzgar lo que nos gusta o lo que tememos. Son etiquetas que proyectamos sobre acciones o personas, sin detenernos a pensar que quizás lo que llamamos “mal” solo desafía lo establecido, y lo que llamamos “bien” nos resulta cómodo.

Esta visión puede parecer incómoda, pero también tiene un enorme potencial liberador. Si la moral no es más que una ficción útil, entonces no hay necesidad de seguir esperando instrucciones desde arriba. La vida no viene con un mapa: somos nosotros, y solo nosotros, quienes decidimos hacia dónde vamos. Y en ese vértigo de libertad, puede que encontremos algo más auténtico que cualquier mandamiento: el coraje de inventar un sentido propio.

martes, 8 de octubre de 2019

El origen del dualismo antropológico (Platón y Aristóteles)

En el dualismo, ‘mente’ se opone a ‘cuerpo’, pero en épocas diferentes, distintos aspectos de la mente han sido el centro de atención. En los períodos clásico y medieval, se consideraba que el intelecto era más evidentemente resistente a una postura materialista, es decir, que mente no se podía reducir a cuerpo: a partir de Descartes, se suponía que el principal obstáculo para aceptar el monismo materialista era la ‘consciencia’, cuyo caso paradigmático es la consciencia fenoménica o la sensación.

El énfasis clásico se origina en la obra "Fedón" de Platón. Platón creía que las verdaderas sustancias no son los cuerpos físicos, que son efímeros, sino las Formas eternas de las cuales los cuerpos son copias imperfectas. Estas Formas no sólo hacen el mundo posible, sino que también lo hacen comprensible, capaz de ser entendido por las mentes humanas.

viernes, 28 de junio de 2019

¿Dónde estoy? de Daniel C. Dennett

Os dejo por aquí un interesantísimo relato de ciencia ficción del filósofo estadounidense Dan Dennett. Como la cabra tira al monte, el relato está plagado de referencias a elementos de Filosofía de la Mente. No es de extrañar, dado que probablemente el propósito principal del relato era sacar las conclusiones filosóficas pertinentes a este experimento mental. Lo que en un principio no era más que un experimento mental más entre los muchos que nos lega la Filosofía analítica, simplemente con estirar de la cuerda se convierte en este relato de ciencia ficción con tintes alla Phillip K. Dick o Black Mirror.



Ahora que he ganado el juicio gracias a la Ley de Libertad de Información, me siento capaz de revelar por primera vez un curioso episodio de mi vida que podría ser de interés no sólo a aquellos relacionados con la investigación en filosofía de la mente, inteligencia artificial o neurociencia, sino también al público en general.
Hace varios años unos oficiales del Pentágono se pusieron en contacto conmigo para preguntarme si me interesaría presentarme voluntario a una misión tan peligrosa como secreta. En colaboración con la NASA y Howard Hughes, el Departamento de Defensa estaba invirtiendo miles de millones en el desarrollo de la Tuneladora Supersónica Subterránea, o TSS. Ésta debía abrir un túnel a través del núcleo de la tierra a gran velocidad y colocar una cabeza nuclear especialmente diseñada «justo bajo los silos de misiles de los Rojos», tal como lo expresó uno de los mandamases del Pentágono.
El problema era que en una de las pruebas preliminares habían conseguido alojar una ojiva nuclear un kilómetro debajo de Tulsa, Oklahoma, y querían que yo la recuperara para ellos.
­­—¿Por qué yo? —pregunté.

lunes, 3 de junio de 2013

Lo sublime

Sublime.

Sublime es un adjetivo que él sólo evoca sublimidad. ¿Etimológicamente qué es? Ascensión, elevación. Pero no una subida lenta, no, y así nos lo deja ver la ciencia que aplica el verbo sublimar al paso directo de sólido a gas sin pasar por lo gaseoso. Así lo sublime es el ascensor que permite ver a través de sus vidrios la escalera paralela a éste y lo lentos que son los pasos escalón a escalón.


viernes, 6 de enero de 2012

Sapere aude si tienes cojones



Dimidium facti qui coepit habet: sapere aude (ha hecho la mitad quién ha comenzado: atrévete a saber) nos dejó escrito el genio de Konigsberg allá por el siglo XVIII y no tenía ni idea de cuan ardua tarea sería el saber y el pensar tres siglos más tarde.


Pues hoy, día de Reyes, es como cualquier otro día del año. Un día en que a la célebre frase de Kant habría que añadirle un si tienes cojones.


Atrévete a saber si tienes cojones de hacerlo mientras el vecino de arriba tiene la radio a toda hostia haciendo sonar pseudomúsica a níveles audibles por el mísmismo Abe Simpson. Atrévete a saber si tienes cojones de volvera abrir el libro la trigésimodécima vez que te has visto obligado a cerrarlo por distintas llamadas al telefonillo, al teléfono y por el segundo advenimiento de Jesucristo en Móstoles. Atrévete a saber si tienes cojones de hacerlo mientras el vecino de abajo tiene a sus sin-papeles de turno tocando los tabiques desde la hora en que las calles aún no están puestas.


Primera solución: Atrévete a saber de noche. Cuando la gente duerme o se droga y los vampiros acechan en las calles o casas okupas donde no hace falta que sean invitados para entrar es un buen momento, con el silencio que lo acompaña, para abrir por trigésimodécimoprimera vez tu libro o-lo-que-sea y enfrascarte en tus quehaceres hasta que lo único que te perturbe sea el sueño. Eso sí, prepárate para que las ojeras que tendrás al día siguiente y que irán aumentando con el paso de estos sean motivo de suspicaces "Mucha fiesta veo yo por aquí ¿eh?" y similares.


Segunda solución (y la favorita del autor): Mátalos a todos y atrévete a saber.