La anécdota de hoy sucedió ayer mismo en un lugar tan apropiado como cualquier otro, un supermercado.
Estaba yo caminando por un supermercado, refresco en mano, ya hacia la cola cuando vi algo que llamó la atención de mi mirada: un gesto raro y rápido, como incorporándose, del hombre que tenía delante cruzando la esquina de uno de los pasillos del supermercado. No lo pude ver bien y seguramente no habría vuelto a pensar más en ello si no hubiese pasado nada más tarde.